Huella de carbono en el transporte: cómo calcular la tuya y reducirla con movilidad colaborativa
· FlexiDrop
El transporte es hoy el sector que más gases de efecto invernadero emite en España. Según datos de MITECO correspondientes a 2023, representa el 27% del total de emisiones nacionales, por encima de la industria y la generación eléctrica. A escala europea, La Unión Europea, a través del Reglamento Europeo del Clima (2021/1119), establece un objetivo de reducción del 55% de emisiones para 2030 respecto a los niveles de 1990. La Agencia Europea de Medio Ambiente (EEA) advierte en sus informes que el sector transporte es el que menos avanza hacia ese objetivo y que alcanzarlo exigirá transformaciones profundas en cómo nos movemos y cómo transportamos mercancías. El punto de partida es entender qué emite cada modo de transporte y qué podemos hacer individualmente para cambiar la tendencia.
Los datos son contundentes cuando se comparan los distintos modos de transporte. Un turismo medio de gasolina circulando en solitario emite entre 150 y 185 gramos de CO₂ por kilómetro en condiciones de uso real, si bien los nuevos vehículos matriculados pueden mostrar valores de homologación más bajos, y el vehículo medio español genera entre 1,5 y 2 toneladas de CO₂ al año solo en uso. El autobús urbano o interurbano se sitúa entre 60 y 89 gCO₂/km por pasajero según la ocupación y el tipo de bus, mientras que los autobuses eléctricos urbanos reducen ese valor considerablemente. El tren eléctrico de alta velocidad (AVE), aprovechando la creciente penetración de renovables en la red española, baja hasta los 14 gCO₂/km por pasajero, con cercanías y regionales situándose entre 20 y 40 gCO₂/km según el trazado. Y el avión de corta distancia dispara la cifra hasta 255 gCO₂e/km por pasajero (incluyendo el efecto de forzamiento radiativo en altura), convirtiéndolo en la opción más contaminante para trayectos que podrían hacerse en superficie.
La variable más poderosa para reducir la huella del coche particular no es comprarse un vehículo nuevo, sino compartirlo. Cuando dos personas viajan juntas en el mismo turismo, la emisión por persona cae a entre 60 y 85 gCO₂/km, igualando o mejorando la huella del autobús. Con tres ocupantes, el rango baja hasta 40-57 gCO₂/km por persona, acercándose notablemente a los modos colectivos más eficientes. Esta reducción es inmediata, no requiere infraestructura nueva y puede aplicarse desde hoy mismo en cualquier desplazamiento habitual, ya sea al trabajo, a una cita médica o a una visita familiar.
Calcular tu huella personal de transporte es más sencillo de lo que parece. Multiplica los kilómetros anuales que recorres en cada modo por su factor de emisión correspondiente. Por ejemplo, si conduces solo 10.000 km al año en un coche de gasolina, estarás generando entre 1.200 y 1.700 kg de CO₂ únicamente por ese concepto. Si compartes esos mismos trayectos con una persona más, la cifra se reduce a entre 600 y 850 kg. Herramientas como las calculadoras de huella del MITECO o la EEA permiten afinar este cálculo incluyendo el tipo de combustible, la antigüedad del vehículo y el contexto de uso urbano o interurbano.
FlexiDrop introduce una dimensión adicional que multiplica el impacto positivo de cada viaje compartido. Cuando un conductor comparte su trayecto con un pasajero y además transporta un paquete que iba a ser entregado por un vehículo de reparto independiente, se eliminan dos emisiones con un solo desplazamiento: la del pasajero que habría viajado solo y la del vehículo logístico que ya no necesita salir a ruta. En un contexto donde el comercio electrónico ha disparado el número de furgonetas de reparto en las ciudades asturianas, esta doble función no es un detalle menor: es una forma concreta y medible de reducir la congestión y las emisiones urbanas simultáneamente.
La movilidad colaborativa no es una solución mágica, pero sí es una de las palancas de cambio más accesibles y con mayor potencial de escalado en el corto plazo. No depende de que se construya nueva infraestructura, no requiere que todos compremos un vehículo eléctrico ni esperar a que la tecnología madure. Depende de coordinación, confianza y las herramientas digitales adecuadas para que personas con trayectos compatibles se encuentren. FlexiDrop, que abrió sus puertas en Asturias en julio de 2026, nació con ese propósito: hacer que cada kilómetro recorrido tenga más sentido, para las personas y para el planeta.